Un relato aleatorio
Las cenizas de la última colilla caían sobre las arrugadas sábanas. ¿Qué había pasado esa noche? Un agudo dolor de cabeza le recordaba el precio a pagar por los excesos con el alcohol, y una extraña sensación, como de estar a punto de recordar algo que había olvidado hace tiempo, combatía con la resaca por dominar su pensamiento.
Tanteando, agarró el mando a distancia del televisor, mientras aplastaba el cigarro contra un vaso a medio beber de bourbon aguado. En la CNN hablaban sobre el Desayuno de Oración Nacional, esa reunión de lobos debatiendo como devorar a los corderos. Un hipócrita, cuyo nombre no recordaba, sonreía a la cámara mientras predicaba cercanía con los más desfavorecidos.
El frío viento del invierno azotaba las ventanas, mientras la ciudad, blanca por la nevada nocturna, apagaba el despertador y se desperezaba. Se levantó, desnudo, con frío, cansado, dolorido y mareado. Con la tenue luz del amanecer se dirigió a tumbos al servicio. Por el camino, intentaba recordar la pasada noche.
"¿En qué coño me he metido?" pensó, espesamente.
El oscuro pasillo de su casa se hizo largo, como el camino de un peregrino, mientras las náuseas surgían de forma incontrolable, y poco antes de llegar a la puerta del retrete, vomitó. Vomitó bilis, sangre, saliva. Vomitó todo lo que anoche había bebido.
Asqueado, dolorido, convulso, se dirigió a duras penas hacia la cama. En el televisor, el presidente americano seguía, a su vez, vomitando mentiras...
Tanteando, agarró el mando a distancia del televisor, mientras aplastaba el cigarro contra un vaso a medio beber de bourbon aguado. En la CNN hablaban sobre el Desayuno de Oración Nacional, esa reunión de lobos debatiendo como devorar a los corderos. Un hipócrita, cuyo nombre no recordaba, sonreía a la cámara mientras predicaba cercanía con los más desfavorecidos.
El frío viento del invierno azotaba las ventanas, mientras la ciudad, blanca por la nevada nocturna, apagaba el despertador y se desperezaba. Se levantó, desnudo, con frío, cansado, dolorido y mareado. Con la tenue luz del amanecer se dirigió a tumbos al servicio. Por el camino, intentaba recordar la pasada noche.
"¿En qué coño me he metido?" pensó, espesamente.
El oscuro pasillo de su casa se hizo largo, como el camino de un peregrino, mientras las náuseas surgían de forma incontrolable, y poco antes de llegar a la puerta del retrete, vomitó. Vomitó bilis, sangre, saliva. Vomitó todo lo que anoche había bebido.
Asqueado, dolorido, convulso, se dirigió a duras penas hacia la cama. En el televisor, el presidente americano seguía, a su vez, vomitando mentiras...
Etiquetas: relatos
Neil Gaiman, The Sandman: Estación de Nieblas

1 Comments:
elige....
http://www.youtube.com/watch?v=KU0t_0vsaKU
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Yolanda, at 21/08/2011 17:43:00
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